¿La frase más vil del mundo corporativo?

“No te lo tomes personal”, dice el criminal con una sonrisa perversa.“Son solo negocios.

¡Qué burla! Los crímenes son lo opuesto a los negocios. Llamar al crimen un negocio es más que perverso. El crimen es una innovación. Es violencia perpetrada hacia una víctima sin ningún respeto por su voluntad. El criminal espera beneficiarse al forzar a la víctima y sabe que ella no obtendrá beneficio. Es por eso que no da su consentimiento y la coerción es necesaria. Un negocio es un acuerdo. Es un intercambio voluntario entre partes que se respetan mutuamente. Cada una espera beneficiarse del intercambio. En un negocio consciente, cada uno sabe que habrá también otros beneficios. Por eso es que consienten al intercambio y no necesitan coerción. El crimen es moralmente repugnante: una ofensa contra cuerpo y alma.

Por el contrario, los negocios conscientes son moralmente bellos: una expresión de los valores humanos más altos. Si el crimen y los negocios son diametralmente opuestos, ¿por qué se confunden con tanta frecuencia? Capitalismo clientelista. Puede tener lógica definir el capitalismo clientelista y los negocios como “actividades lucrativas”, pero, moralmente, no la tiene. Los negocios son empresas libres, asociaciones libres e intercambio libres.

Los negocios crecen de forma natural a partir de las verdades evidentes que declararon los padres fundadores: todos los seres humanos están igualmente dotados, por virtud de nuestra naturaleza esencial, de los derechos inalienables a la vida, la libertad y la propiedad. Estos derechos nos brindan la oportunidad de buscar la felicidad libre de violencia, con la única restricción de respetar los derechos de otras personas. En el capitalismo clientelista los criminales y políticos corruptos que cumplen sus órdenes violan los derechos de otras personas.

Me rehuso a llamar a estos villanos “hombres de negocios inescrupulosos” de las misma forma que me rehuso a llamar a los violadores “amantes inescrupulosos”. Mucha de la culpa que hoy se atribuye a los negocios es en realidad de los clientelistas. Es una flagrante contradicción patrocinar la libertad individual y luego forzar a las personas a intercambiar su propiedad con amenaza de utilizar la violencia; defender el derecho individual a elegir y luego prevenir que intercambien como prefieran. Sin embargo, esto es lo que hacen los criminales de los negocios y de las organizaciones gubernamentales con el disfraz de “proteger a la las personas”.

Por ejemplo:

• Los rescates financieros de Wall Street garantizan ganancias a los banqueros y transfieren pérdidas a quienes pagan impuestos.

• Los subsidies privilegian a los amigos del poder y aumentan los costos para todos los demás.

• Las barreras al intercambio escudan a los productores ineficientes y lastiman a sus clientes.

• Las regulaciones protegen a los titulares y previenen que entre la competencia.

• Los procesos burocráticos consagran tecnologías obsoletas y reprimen la innovación.

• Los requisitos de licencia desalientan a los nuevos competidores y permiten que industrias completas se conviertan en carteles.

• Los gastos gubernamentales fluyen hacia los bolsillos de quienes tienen conexiones políticas y fuera de los bolsillos de todos los demás.

• Las imprentas inflan el dinero que guardan los clientelistas y devalúa el de todos los demás.

La confusión crece también a partir de la convicción general —y errada— de que los negocios son un “juego de suma cero”. Como el póquer, en que el ganador puede ganar solo a expensas de los perdedores, muchas personas tienen la creencia de que los emprendedores solo pueden beneficiarse a costa de los trabajadores y consumidores.

Para aquellos que piensan eso, las ganancias son la evidencia de la explotación. Como declaró una vez Honoré de Balzac, “Detrás de cada gran fortuna hay un crimen”. Eso es cierto en el capitalismo clientelista. Pero eso no es lo que se entiende por negocios; eso es violencia. Entonces, ¿Qué es negocio? Un negocio es el intercambio libre de valor por valor.

Es el esfuerzo por beneficiarse al contribuir al beneficio de los demás. Los negocios son una serie de transacciones económicas que no violan los derechos a la vida, la libertad y la propiedad. Los negocios no involucran violencia, amenaza o fraude. Un negocio busca ganancias al reducir el consumo de recursos y maximizar la producción de bienes.

El balance es el límite más bajo del valor que trae a la mesa —en otras palabras, su contribución a todos los involucrados en la transacción final—. Si un emprendedor obtiene una ganancia de diez dólares, esto significa —en esta simplificación— que compró recursos que en el mercado valen X dólares y vendió los bienes que produjo con estos recursos a X+10 dólares. Los que le vendieron esos recursos a X le dieron un valor menor a X —de lo contrario, no los habrían vendido voluntariamente—. Aquellos que compraron sus bienes a X+10 los valoraron a más de X+10 —de lo contrario, no los habrían comprado voluntariamente—. Los negocios son un juego de suma positiva.

Cuando un intercambio se lleva a cabo, todos los participantes deben evaluar qué ganan del mismo. Si alguien piensa que no se beneficiará, se rehusará a participar del mismo. Es por esto que el freno más efectivo para el interés propio de una parte es el interés propio de otra parte, que puede negarse a intercambiar a menos que lo considere lucrativo.

Por ejemplo, a menos que yo crea que la compensación de mi empleador excede el valor de mis alternativas, por ejemplo, trabajar para alguien más o abrir un negocio propio, no voy a permanecer en ese trabajo. Así que si una compañía quiere emplearme, su propuesta debe exceder el valor de mis alternativas. Ese requerimiento, y no un salario mínimo obligatorio, es lo que garantiza que quien quiera mis servicios debe reconocer mi valor. (Y si alguien cree que un salario mínimo puede elevar el nivel de vida de los pobres, ¿por qué fijarlo en apenas $8 por hora? ¿Por qué no en $80? ¿Por qué no en 800? Cuando la gente es libre para elegir, o todas las partes involucradas en la transacción ganan, o no hay negocio; solo crimen.

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